En español, ningún artículo serio termina con un epígrafe titulado «Conclusión». Lo vemos con claridad cuando leemos cualquier pieza periodística de calidad, una tribuna bien editada o una columna en un diario de referencia.
Y, sin embargo, proliferan en blogs corporativos, artículos de marca y contenidos SEO de dudosa revisión final. En muchos casos, ese epígrafe no está ahí porque alguien haya decidido que era la mejor forma de cerrar un texto, sino porque quien lo escribió se limitó a aceptar el cierre automático de ChatGPT sin repasar nada más. Y eso se nota.
El inglés académico se cuela en tus contenidos sin avisar
Los artículos generados con inteligencia artificial suelen arrastrar estructuras heredadas del inglés académico. Por eso es frecuente encontrar títulos con mayúsculas en todas las palabras («How To Grow Your Business With LinkedIn») o conclusiones que empiezan con fórmulas como “Final thoughts”, “Wrapping up” o “In conclusion”. En inglés tiene sentido. En castellano, no.
Ese sesgo se traslada sin filtrar a textos corporativos, con lo que el lector se encuentra de pronto con un epígrafe artificial que marca un cierre forzado. ¿De verdad necesitas decir que lo que viene ahora es el final? ¿No se puede notar con el tono, con la cadencia o incluso con una última frase que condense el mensaje?
Si tu texto requiere una conclusión titulada como tal, probablemente el problema esté en la estructura o en el escaso valor de lo anterior.
Si parece escrito por una máquina, es que no lo has editado
Uno de los principales errores al usar IA generativa para crear contenido es quedarse con la primera versión. Muchos redactores —o empresas que se autopublican— asumen que si el resultado es gramaticalmente correcto, ya es publicable.
Pero un texto que se lee como una lista de recetas genéricas, que repite estructuras o que incluye epígrafes innecesarios, como “Conclusión”, deja en evidencia que nadie lo ha editado con criterio profesional.
Más allá del estilo, hay un problema de fondo: esos cierres son redundantes. Un lector que ha llegado hasta el final no necesita que le resumas lo que ya ha leído ni que le digas lo que debería pensar. Lo que necesita es sentir que has tenido algo relevante que contar, no que le estás despidiendo con una plantilla.
La obsesión por incluir un call to action en todas las piezas es otra herencia del blogging anglosajón mal entendido.
No todo contenido necesita terminar pidiendo que te sigan en redes, se descarguen tu lead magnet o se apunten a tu newsletter. En muchos casos, el mejor cierre es simplemente uno que respeta la inteligencia del lector.
Por eso, si estás trabajando tus contenidos de marca con herramientas como ChatGPT, hazlo: a Google le da igual, solo le importa una cosa: que lo hayas revisado, que lo hayas reescrito y que, tras quitarle la “conclusión” quede un artículo fetén.
Y ahora, ya acabado el artículo, nosotros reconocemos que nos encontramos en una tesitura: queremos incluir un call to action… y hace cuatro párrafos hemos dicho que no. Así que nada, nos puede la presión. En este artículo no decimos nada de que hables con nosotros, que somos la gente de Tilde Comunicación.
Una pena, oye…