Qué ha pasado
Netflix ha confirmado que utilizó inteligencia artificial generativa en algunas escenas de El Eternauta, una de sus grandes apuestas recientes en habla hispana. El anuncio no fue parte de una nota de prensa ni de una estrategia de promoción: apareció como detalle en la presentación de resultados trimestrales.
Según Ted Sarandos, CEO de la compañía, la IA ayudó a acelerar el proceso de efectos visuales en una escena concreta —el derrumbe de un edificio— que, de otro modo, habría tardado diez veces más en completarse.
El titular de EL PAÍS, de los primeros en sacar la noticia, dice: «Netflix reconoce que ha utilizado por primera vez IA generativa». Y ese “reconoce” es la clave: reconocer implica que había algo que ocultar. Que usar IA es, en cierto modo, un acto que debe explicarse o, como mínimo, justificarse. Como si fuera una falta menor en lugar de una decisión técnica. Y, sin embargo, la serie ha cumplido su función: ha generado conversación, ha captado atención, ha funcionado visualmente. ¿Qué más da si parte de eso lo ha hecho con una IA?
No es la herramienta, es cómo se usa
Lo explicábamos ya en Cuándo tiene sentido usar IA para crear contenido (y cuándo no): el uso de inteligencia artificial no es el problema. El problema es tratarla como atajo. Si sustituye criterio, narrativa o decisiones creativas, empobrece. Si se integra para acelerar procesos técnicos o ampliar recursos de producción, suma. Y El Eternauta es un ejemplo de esto último. No se usó para escribir diálogos, ni para reemplazar actores, ni para dirigir escenas: se usó como un plugin más en la cadena de efectos visuales.
Pero cada vez que se menciona la IA, surge la tentación de señalar. El lenguaje con el que se habla de ella sigue arrastrando connotaciones negativas. Lo vimos también en Por favor, no le pongas Conclusión a tus artículos: cuando un contenido huele a IA, muchas veces no es por la herramienta, sino por la falta de edición humana. Y lo mismo pasa aquí: el problema no es que una escena esté generada por IA, sino que no se note que alguien ha tomado decisiones creativas sobre ella. Pero en este caso, sí se nota.
Netflix no debería tener que dar explicaciones si lo que ha hecho es integrar tecnología en su flujo de trabajo, del mismo modo que no “reconoce” usar cámaras RED, ni “confiesa” utilizar Premiere o DaVinci Resolve. El foco no debería estar en el cómo, sino en el resultado. Y si el resultado es bueno, la herramienta debería quedar en segundo plano.
Si el contenido funciona, el debate es innecesario
En Cómo crear contenido que aparezca en ChatGPT (y siga sonando a ti), hablábamos de lo que buscan los motores generativos: claridad, estructura, intención, criterio. Lo mismo busca el espectador: que la historia funcione. Y si lo hace, el proceso importa poco. ¿Fue Midjourney? ¿Fue Houdini? ¿Fue un modelo propio? ¿Y qué?
Mientras la Academia de Cine española impone nuevas limitaciones al uso de IA en los Goya —solo se admitirá como apoyo, nunca como sustituto de autoría—, Netflix apuesta por combinar velocidad, calidad y herramientas generativas. No lo hace en todas sus producciones. Y no lo oculta. Pero tampoco debería sentirse obligada a “reconocerlo” como si hubiera algo que rendir. Es una decisión creativa y técnica, no un dilema moral.
No estamos diciendo que todo valga. Pero si el contenido es sólido, si el resultado cumple su función, y si hay criterio detrás, entonces no hay nada que confesar. Solo una herramienta más al servicio de la historia.
Y si estás buscando cómo usar IA en tus procesos sin perder tu voz de marca, en Tilde Comunicación te ayudamos a hacerlo bien. Sin culpa.